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  ANECDOTA

 


Mayo 2018
Religiones, principios y valores

En una ocasión, llega a una mediación por partición de herencia, una señora vestida con la ropa de usanza árabe; ella iniciaba el reclamo contra sus dos hijos varones, católicos de 35 y 38 años y manifestaba que quería tener el control de sus bienes. En un comienzo, como mediadora, yo no comprendía nada.

Se trataba de una familia adinerada y la mujer, una señora viuda de unos 60 años, había conocido recientemente a un artesano musulmán 20 años más joven que ella, quien, transformándose en su pretendiente, la había convencido de convertirse al islam.

Los hijos desconfiaban de este "novio " por los balances y extracciones de las cuentas bancarias que su madre había comenzado a efectuar a partir de esta relación. La madre, sostenía que quería disponer de su dinero para vivir de la manera en que siempre había estado acostumbrada. La situación había generado un gran conflicto y la separación familiar.

Luego de una ardua negociación en la que los hijos vinieron con su propia computadora y elementos para proyectar en la pared la evolución y resultados de las cuentas corrientes bancarias de la familia, ellos explicaron que lo único que querían era, no perjudicar a su madre, sino protegerla de decisiones incorrectamente inducidas. Finalmente, se llegó a un acuerdo en el que ellos continuarían con la administración de los bienes y le darían un monto generoso para sus gastos mensuales.

La madre pudo comprender que la conducta de sus hijos era un acto de protección hacia ella y que le reconocían su derecho a vivir como vivía cuando estaba en vida su esposo y padre de sus hijos.


Anécdota compartida por Ana María Bargiela, abogada y mediadora.