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  ENTREVISTA

 


Agosto 2014
“Un mediador competente es alguien que está enteramente a disposición”

Maximiliano Péjkovich, recientemente incorporado al listado de mediadores del Centro Empresarial en representación de Mediaciones y Negociaciones S.A., explica qué cualidades debe reunir un buen mediador y realiza una fuerte crítica a la ley de mediación vigente.


Medyar: ¿Cuál es el estado de los métodos alternativos de resolución de conflictos en Argentina?

M.P.: En Argentina, desde el año ’92 a esta parte, a nivel gubernamental y privado, hubo una enorme discusión y desarrollo de la mediación como sistema de prevención y de resolución de conflictos. Primero fue a nivel estado nacional y después a nivel provincial: cada provincia dictó su propia ley de mediación. Pero la mediación no es el único método de resolución de conflictos que existe, también está el arbitraje. Éste, a diferencia de la mediación, no tuvo una ley nacional ni es implementado de forma obligatoria. Lo que tal vez le falte al arbitraje para ser unánimemente aceptado es algún impulso legislativo.

Medyar: Muchos especialistas destacan la necesidad de una ley federal de arbitraje en Argentina…

M.P.: Sí, yo comparto y creo que uno de los puntos a analizar es el vinculado a los honorarios profesionales. Por ejemplo, recuerdo que en la ley de arbitraje española establecen unos fees muy elevados, lo que es peligroso porque podría terminar desalentando el arbitraje. En Argentina, en los procesos judiciales tenemos las tasas de justicia; quizás esta tasa de justicia que uno se “ahorraría” recurriendo a un método alternativo de resolución de conflictos, podría destinarse al pago de los árbitros, en cuyo caso sería económicamente rentable para las partes.

Medyar: Es frecuente escuchar a especialistas hablar sobre la necesidad de una reforma a la Ley de Mediación en Argentina, ¿cuál es su opinión al respecto?

M.P.: Este es un tema que me apasiona. Viendo la ley 26.589, yo abrazaría la anterior ley 24.573. En mi opinión, la ley vigente lo que hizo fue terminar con uno de los principios más elementales de la mediación, que es la voluntariedad y la libertad de acción e intervención de las partes. Digo esto porque esta ley es profundamente intervencionista, al punto que el trabajo del mediador ha dejado de ser lo que establecía la ley 24.573, para convertirlo en un burócrata más preocupado por hacer las actas conforme a modelos y sistemas informáticos que el Estado provee y obliga a implementar. Esta ley ha desnaturalizado por completo el diálogo y la forma de comportarse del mediador, sumiéndonos en una preocupación permanente por las formas que nos hace olvidar que lo más importante de la mediación es el fondo. Por esto, creo que la ley 26.589 fue un retroceso casi irremediable para la mediación, los mediadores y el público en general.

Medyar: ¿Se vislumbra, hoy por hoy, algún horizonte de reforma a esta ley?

M.P.: Hay una frase antigua que dice que “no hay nada más permanente que lo provisional”. El poder político es esencialmente temporal y por lo tanto provisional. Este gobierno se ha ocupado de ser intervencionista, no sólo en la mediación sino en múltiples ámbitos. Será tarea de un próximo gobierno que entienda que el rol del Estado es otro y rever cómo está planteada la mediación. Pero la verdad es que lo dudo mucho, porque en Argentina hay una constante de mantener las cosas durante mucho tiempo, por lo que yo no creo que vaya a haber un cambio que vuelva a dar a la mediación privada el ámbito de libertad que tenía con la ley 24.573. Soy pesimista en cuanto a una mejora de la mediación en general. Reconozco que algunas cosas de la ley que la suplantó han permitido que algunos profesionales de la mediación actuaran de una forma un poco más prolija o reglada, pero el conjunto de la ley fue pernicioso para los mediadores y la mediación.

Medyar: ¿Crees que esta ley perjudicó a la mediación a ojos de la sociedad en su conjunto?

M.P.: Si vos investigas en los diarios de marzo de 1996, cuando se sancionó la ley 24.573, vas a encontrar notas sobre las colas que hicieron las personas en los tribunales en ese entonces para sortear demandas y así evitar la mediación. Esto ocurrió porque creían que iba a ser un obstáculo para sus procesos judiciales. Llevó años convencer a los abogados de las bondades de la mediación, hasta que finalmente fue aceptada. Aquí apareció la ley 26.589. La mediación se convirtió desde entonces en un proceso más oneroso y más burocrático, perjudicando al instituto en general.

Medyar: Escribió un libro titulado “Temas de mediación familiar”, ¿cuáles son las particularidades de la mediación en este ámbito?

M.P.: La ley 24.573 se basó, para las mediaciones familiares, en el sistema estadounidense. Una de las particularidades que establece en este tipo de procesos es que las partes involucradas están obligadas a participar no pudiendo ser suplantados por abogados o intermediarios. Esto se debe a que en temas de familia, por ejemplo, solamente la mujer va a poder explicar y reponer la complejidad de los problemas que tiene con los hijos, el marido, etc., algo que no podría hacer su abogado. Ahora bien, distinto es lo que ocurre en los procedimientos empresariales, donde no es esencial la participación de la parte. Hoy el derecho está muy especializado y los abogados expertos suelen conocer mejor que sus clientes, aquello que más les conviene. Y aquí encontramos uno de los problemas que presenta la ley de mediación vigente, la cual en muchos casos obliga a comparecer a las partes y sus abogados, cuando no es realmente necesaria su presencia. Sinceramente, luego de 20 años de experiencia, creo que las partes deberían ser libres de concurrir o no a una mediación.

Medyar: ¿Qué características reúne un buen mediador?

M.P.: Un mediador tiene que ser dúctil, tener capacidad para generar empatía y tiene que tener un physique du rol adecuado a las partes con las cuales trabaja: éstas se deben ver y sentir representadas. También tiene que tener la aptitud de ser aceptado por las partes; aptitud que tiene que ver con la formación del mediador y con su experiencia profesional. Asimismo, un mediador tiene que conocer profundamente el proceso de mediación y además conocer algo del fondo de lo que se discute: para facilitar la conversación, el experto debe saber algo sobre lo que se está conversando, sino termina quedando marginado en la mesa. También tiene que contar con oficinas y tecnología apropiadas. Pero, por sobre todo, un mediador competente es alguien que está enteramente a disposición.